Bloxito

Una mala copia de la realidad.

Estructura de las revoluciones científicas

Leo de E. Recami et al. en Ciencia Hoy 5: 30, 56; Taquiones, (Cuadro: La revolución filosófica de Einstein).

Muchos han hecho notar ya que el pensamiento científico avanza por generalización: [no por revoluciones] las viejas teorías se convierten en casos particulares de las nuevas, que resultan más abarcadoras. Así fue, justamente, la revolución provocada en la física por Albert Einstein. Con el advenimiento de la relatividad especial, la mecánica de Galileo y de Newton no fue descartada, pero perdió su universalidad y quedó claro que sus posibilidades de aplicación se restringen a situaciones en las que las velocidades relevantes son pequeñas comparadas con la de la luz.

Einstein: “La tarea del científico es alcanzar las leyes elementales universales, a partir de las cuales construir el cosmos sobre la base de la pura deducción. No llega a ello por un camino lógico, sino sólo por la intuición. Su esfuerzo cotidiano brota directamente del corazón.”

Que podríamos completar con una cita de Richard P. Feynman que ya publiqué alguna vez:

“Si no concuerda con el experimento está mal. En esta sencilla afirmación está la clave de la ciencia. No importa cuán hermosa sea su especulación. No importa cuán inteligente sea usted, [...] si no concuerda con el experimento está mal. Y eso es todo.”

Octubre 25, 2005 Publicado por malambo | Ciencia, Filosofía de la ciencia | | Aún no hay comentarios

Objetividad

Cuando saco una fotografía obtengo una representación de la realidad que es aproximadamente verdadera. Sin embargo, si busco detalles cada vez menores llegará el momento que se romperá la correspondencia. Y es natural que así ocurra, porque referente y referencia son objetos de naturaleza diferente.

Una fotografía color tendrá una correspondencia mayor, una mejor adecuación con el paisaje, que una blanco y negro. Es decir, la primera será más verdadera que la segunda. Sin embargo, ambas son igualmente objetivas, porque las dos representan un objeto que existe independientemente de ellas, de quién las obtuvo y de quién las admira. Lo mismo vale, mutatis mutandis, para las formulaciones del mundo.

La realidad existe independientemente de seres inteligentes que puedan registrarla o “interpretarla”. Como decía Bertrand Russell: “El Universo existía mucho antes de que la humanidad existiera y seguirá existiendo mucho después que aquella se extinga”. Todo objeto real es un sistema material o bien parte de él, cuyo comportamiento, estructura y composición están regidos por leyes cognoscibles, aunque tal conocimiento sea parcial y tengamos que estar permanentemente corrigiéndolo. Esta postura filosófica se conoce con el nombre de realismo materialista y conforma la base axiomática de esta discusión.

Debe ponerse énfasis en la diferencia de nivel (epistémico) entre la realidad y las teorías. La primera está compuesta de sistemas materiales, sean ellos átomos, sociedades o galaxias; mientras que las segundas son sistemas conceptuales, inventados para conocer los objetos reales y las leyes que los rigen.

Un concepto es objetivo si, y sólo si, existe una regla que le asigna una propiedad, evento o proceso del objeto real. Una teoría es objetiva si los conceptos que liga son objetivos. Por su parte, un concepto será subjetivo si incluye la necesidad del sujeto que piense dicho concepto.

Las sentencias subjetivas requieren la participación del sujeto en ellas, no obstante cuando se habla de capacidades o características de otra gente, las expresiones pueden ser objetivas. Por ejemplo, la sentencia “Las personas de Buenos Aires no exceden el metro y medio de estatura” es objetiva. Sin embargo, es falsa. Es objetiva porque los conceptos involucrados (persona, Buenos Aires y estatura) tienen referentes reales. (El concepto de persona es uno que se actualiza para cada uno de los individuos de Buenos Aires –gente real, de carne y huesos–. La actualización es verdadera para Alejandra, pero falsa para Facundo.)

En cambio, “El amor es un atributo de los seres humanos” es una frase subjetiva. Pero no porque hable de amor, que es un proceso que se da en el sistema límbico, lo que implica, según la definición, que el concepto de “amor” es objetivo; ni de “seres humanos”, que en este caso, vistos desde afuera, son objetos y no sujetos, sino porque habla de “atributo”. Implícitamente establece la necesidad de un pensador (sujeto) que atribuya la capacidad de amar a los seres humanos (objetos). Para volverla totalmente objetiva, la afirmación anterior podría transformarse así: “El amor es una característica de los seres humanos”. En este caso la sentencia no depende de ningún pensador particular.

Conclusiones. La objetividad no es una propiedad del mundo (e.d. de los sistemas materiales, sus eventos, procesos o estructura) sino de los artefactos teóricos creados para su entendimiento. Por eso el enunciado “el átomo es objetivo” carece de sentido, pero lo adquiere plenamente en “el concepto de átomo es objetivo”.

Octubre 25, 2005 Publicado por malambo | Filosofía | | 4 comentarios

¿Es el posmodernismo un cuento de niños?

¿Usted cree en Papá Noel? No, no se ría, de verdad le pregunto. Y si no cree ¿por qué no cree? ¿No sabía Ud. que en el mundo hay muchísimas personas que creen en Papá Noel? Su hijo, su sobrinito o su nieto, ¿acaso no creen?

Hay millones de chicos en todo el mundo que cada Noche Buena esperan sinceramente a un barrigón barbudo, vestido de rojo y con un gorro de pompón blanco. Miran al cielo para ver un trineo volador tirado por renos voladores que hacen sonar cascabeles y que tienen la obligación de visitar 822.2 casas por segundo para llegar a tiempo.

Le cuento. Resulta que hay una moda en filosofía que dice que el único requisito para que algo exista es que haya un montón de personas que crean en ese algo. Y la inversa también es válida: según estos fashion de la filosofía, si una cultura ignora o no cree algo, ese algo no existe.

Entonces, Papá Noel ¿existe o no existe? La existencia no es una propiedad relativa de las cosas. Lo que quiero decirle es que una cosa está en este maltrecho Universo o no está, no hay otra. Ser o no ser, como decía Shakespeare, esa es la cuestión. No se puede existir para unos y no para otros. Lo que uno puede hacer es esconderse, como hacía mi tío cuando venían los acreedores, pero escondido y todo uno sigue existiendo.

Ahora que me acuerdo de mi tío, resulta que al tipo un día se le dio por escuchar a Alberto Cortés. Al día siguiente ya quería construir castillos en el aire y volar como las gaviotas. Enseguidita decidió no creer más en la ley de la gravedad; porque mi tío sería de pensamiento corto, pero las decisiones las tomaba rápido. Digo: Como pertenecía a la cultura de los que no creían en la ley de gravedad, entonces la ley de gravedad no actuaba sobre él. Los fashion de los estudios culturales lo aplaudieron a rabiar.

Mire que mi tía le insistió, le rogó, le tiró de la manga del saco, pero él nada; cuando se le metía algo en la cabeza no había quién lo hiciera cambiar. Fue y saltó por la ventana no más. Vivía en el piso 12. El otro día lo fui a visitar… al cementerio. Después del salto el ñato dejó de existir, incluso para los acreedores.

Mi tía quedó desconsolada. Tanto, que al poco tiempo empezó a ir a un psicoanalista. Pero los psicoanalistas en general son muy afectos a lo que dicen los fashion, entre otras cosas porque vienen de Francia, como Freud, Lacán y las cigüeñas.

Le decía: el psicoanalista de mi tía era más que moderno, era posmoderno. Y le insistía que si no podía soportar el hecho que mi tío estuviera muerto, que se mudara a una cultura en la que todos creyeran que estaba vivo. Al fin y al cabo, le decía el psicoanalista, la historia es un discurso construido y no una concatenación de hechos; que por otro lado no existen, salvo como un ideal que permite hablar de ellos como dijo Rorty, le aseguró casi sin respirar el psicoanalista a mi tía.

Ella, que no creía en Rorty ni en Papá Noel, ni en Freud ni en las cigüeñas que vienen de París, se cansó de tanta palabrería hueca, se levantó, le encajó un paragüazo en el marote y se fue. Pero desde la puerta le sugirió que construyera un discurso que dijera que el chichón le quedaba lindo y que ella le había pagado la consulta, cosa que nunca hizo, porque mi tía es de las que no se dejan estafar por los charlatanes.

Habráse visto, protestaba mi tía mientras caminaba bien pegadita a los edificios porque llovía y el psicoanalista le había roto el paraguas. Mirá que venir a decirme que la historia es una construcción cultural, se repetía indignada.

Yo no sé cuales fueron los motivos reales de su enojo, pero me parece que la ñata tiene razón. Si existen dos versiones opuestas acerca de un mismo hecho, ¿las dos están en lo cierto? Los filósofos fashion dicen que sí, que no existen los hechos objetivos, que lo que es cierto para una cultura puede no serlo para otra y que el saber de ninguna cultura es superior al de otra. Por ejemplo, ellos dicen que aquellas culturas que creían que la Tierra era plana tienen tanta razón como las que creen que es aproximadamente esférica.

Entonces, si los hechos objetivos no existen, ¿la muerte de millones de nativos durante las invasiones españolas es sólo una creencia verdadera en algunas culturas y falsa en otras? ¿no son objetivas las muertes y las torturas que sufrieron miles de argentinos durante los años de plomo? ¿tienen tanta razón los que dicen que los muertos por la dictadura no llegaron a 300 como los que dicen que fueron más de 30 mil?

¿Qué pasaría si a alguien se le ocurre decir, por ejemplo, que no hay que prevenirse del virus del SIDA porque el HIV sólo es una creencia de los médicos? ¿Y que pasaría si el que lo dice es un influyente pensador fashion, que no sólo convence a psicoanalistas sino también a políticos encargados de la salud?

José Pablo Feinman es un escritor y filósofo argentino que admira la obra de Heidegger, quien aparte de haber sido un nazi no arrepentido, fue el abuelo intelectual de esta moda filosófica que viene pegando fuerte en los centros de pensamiento humanista latinoamericanos. Feinman también es un referente filosófico del presidente de la Nación.

Nacha Guevara en la década corrupta, desde el canal estatal escribía frases con rouge en un espejo y decía que el mero hecho de creer en ellas hacía que se cumplieran. Nacha llegó a ocupar un cargo público en un área cultural.

Qué relación tiene todo esto con Papá Noel no sé. Podría preguntárselo a mi tía que sabe mucho de estas cosas, pero ella sigue llorando al ñato, que fue otra víctima del posmodernismo.

Octubre 25, 2005 Publicado por malambo | Posmodernismo, ¿Humor? | | 6 comentarios

Adicción al psicoanálisis

El 43% de los argentinos fuma y si yo le preguntara si fuma, aunque Ud. no lo hiciera no se ofendería. En cambio, si le pregunto si se droga con cocaína la cosa toma otro color, fundamentalmente porque esta droga no tiene la aceptación social que tiene el cigarrillo. Pero hay más diferencias entre ellas: El tabaco provoca mayor cantidad de muertes y enfermedades que la cocaína, simplemente porque los fumadores pueden ejercer su adicción libremente y, en consecuencia, son más los que tienen acceso y lo pueden hacer más a menudo y en cualquier lugar. No estoy defendiendo el consumo de cocaína, no estoy loco; el punto es la aceptación social, fenómeno que también se da con el psicoanálisis.

Mudando papeles me encontré con un viejo artículo que apareció en la revista Ñ reforzando la aceptación social hacia otro tipo de prácticas, que en este caso no sólo perjudican el físico sino también la salud mental.

En la nota, la entrevistada con una desfachatez descomunal, respalda la ineficacia del psicoanálisis y defiende su falta de reglamentación legal. Se pone a favor de la economía neo liberal y dice que en cuestiones de salud mental también hay que desreglar, que la ausencia de ley es mejor que una legislación muy fuerte que proteja a los pacientes de los charlatanes (ella, claro, no los llama así, porque pertenece al clan). Lo que quiere, en definitiva, es que el Estado siga sin controlar el ejercicio del psicoanálisis a pesar de que está fuertemente entrometido en los sistemas públicos de salud mental.

¿Usted se psicoanaliza? Igual que con el cigarrillo la pregunta no ofende, ¿verdad? pero si le preguntara si intenta resolver sus problemas espirituales yendo al parapsicólogo, al curandero o a cualquier otro brujo, Ud. seguramente sentiría que estoy despreciando su inteligencia y se ofendería. Y no es para menos.

¿Pero se preguntó qué diferencia esencial existe entre un brujo y un psicoanalista? Brujos y psicoanalistas están al margen del conocimiento científico. El mismo Freud aconsejó a sus seguidores mantenerse al margen de la ciencia. Ambos cobran dinerales por técnicas que llevan años y que al final no dan ningún resultado; tanto unos como otros defienden esa ineficacia culpando al mundo, como lo hace Elisabeth Roudinesco en la nota de Ñ. Ambos grupos creen en fantasmas e intentarán curarlo apelando a ellos. Y tanto unos como otros pueden llevar a la muerte a un paciente que tenga una enfermedad mental grave como la depresión mayor.

Pero hay una diferencia fundamental entre ambas prácticas y es el perjuicio sanitario que producen. El psicoanálisis es más perjudicial que cualquier otro tipo de brujería. Y no es que esté defendiendo la parapsicología o las muchas formas de curanderismo. Ni por asomo, no estoy loco.

Como con el cigarrillo, acá también el punto central es la aceptación social del psicoanálisis. En la década del ’60 se puso de moda en la Argentina esta forma de macanear. Como toda moda fue y vino, pero en nuestro país nunca perdió el aura de prestigio. Mucha gente cree que son científicos y se resiste a salir de su engaño.

En algunos círculos sociales está de re-onda tener personal trainer y psicoanalista. Si no los tenés, no existís. Mi abuela le contaba sus penas al padrecito cura y gratis; Jesica, una amiga, hace como cinco años que no soporta pasar más de tres días sin analizarse y gasta un dineral cada vez que asiste a una sesión de terapia. Cuando la psicoanalista sale de vacaciones, Jesica me hace acordar a Pedro cuando le escondemos los cigarrillos.

Si Ud. quiere tirar su plata en charlas con los brujos no me preocupa, a menos que Ud. sea un maníaco-depresivo y el o la licenciada se resista a derivarlo a algún profesional de la salud que realmente sepa del tema.

Lo preocupante de la aceptación social del psicoanálisis es que los charlatanes convencieron a los políticos y lograron enquistarse en el sistema público de salud mental. En muchos casos obtuvieron puestos de poder. Se convirtieron en el establishment de la salud mental y no solo no curan sino que, además, no dejan curar.

Por eso, los políticos encargados de la salud mental deberían preguntarse por la eficacia de los métodos que se utilizan en los hospitales. Deberían cerciorarse que no se está engañando a los pacientes, que no se estén haciendo pasar discursos obsoletos por curas efectivas y deberían expulsar a los charlatanes con diván y todo, por más que hoy estén de moda y tengan buena prensa.

En cuanto a Ud., con su plata haga lo que quiera, pero a mí me parece que si desea cuidar su salud física no debería drogarse ni con cocaína ni con cigarrillos; y si, además, desea cuidar su salud mental, debería recurrir a buenos psicólogos, no a consultorios de psicoanalistas u otros curanderos de la mente.

Octubre 25, 2005 Publicado por malambo | Posmodernismo, Pseudociencias | | 20 comentarios