Textoclips
A la orilla de la escarcha de montaña estaba uno de esos chicos que nunca fue a la escuela. En patas, con los pantaloncitos deshilachados hasta las rodillas se había sentado y acariciaba a su perro. Con un pañuelito encontrado al costado de la ruta se tapaba la nariz al estilo de las damas antiguas de la peli y miraba hacia el lado de las montañas. El sol contrastaba la piel dorada de la cara contra las finas líneas oscuras de sus labios. El perro estaba muerto y el nene acariciaba el cuero que todavía quedaba entre las costillas.
Julián nunca había podido ganarle en nada a Marcelo. Ni a las bolitas, ni a las figuritas, ni a la casita robada, al chinchón, al truco o al poker; tampoco en la escuela ni con las minas. Un día, Marcelo estaba cavando un pozo hondo para el agua. Julián se acercó y sin decir palabra sacó del bolsillo un paquete de tristeza y empezó a derramarlo en el piso. Cuando terminó sonrió con orgullo por primera vez.
En Mendoza grupos católicos intimidaron a los médicos que realizaron un aborto y a los jueces que los autorizaron; también amenazaron con poner una bomba en el hospital. Dicen que lo hicieron para proteger la vida.
Bruno y los militares
Una noche, Eustaquio me contó por qué Bruno Maciel odia a los militares. Los 9 de julio, día de la Patria, Bruno iba a buscar chicas al desfile. Durante toda la noche escribía poesía y canciones para ayudar a las probabilidades y a la mañana se ponía el saco nuevo y salía.
Aquel 9 de julio el desfile militar se hizo interminable, los soldados pasaban y pasaban metiendo tanta bulla con las tanquetas, los clarines y los caballos que nunca tuvo la posibilidad de bien decir ni cantar nada. Para la tardecita las chicas se habían ido todas y tampoco pudo ligar; entonces improvisó una letra dedicada a los soldados y sus amigos, que eran los únicos que quedaban en el desfile. Pero se ve que la canción asustó a los caballos y la infantería se le vino encima. Bruno tuvo que tirar el saquito nuevo porque se lo despedazaron. Desde ese día, dice Eustaquio, él odia a los militares.
El Gran Hermeneuta
Y con el ruido salado del mar a sus espaldas se dio cuenta, con horror, que estaba desapareciendo. Primero sus piernas se volvieron transparentes, luego su abdomen crecido y sus brazos. Para cuando desapareció el cerebro ya nadie advirtió el cambio.
Pero antes de extinguir su vida de arena, el Gran Hermeneuta comprendió que no fue más que un personaje que alguien había inventado una noche de silenciosa fiesta. Al igual que los hechos y el mundo, él tampoco existía fuera de la imaginación o los textos.
Después de aquella noche nadie lo ha vuelto a ver.
Don Carlos
Las calles de mi pueblo por entonces eran de arena pero en primavera eran de arena y viento. Recuerdo que el lechero no voceaba su mercadería pero el golpeteo de los tarros lo anunciaba de lejos. Don Carlos se llamaba el lechero y era de General Lavalle, un pueblo rural antiquísimo a unos setenta kilómetros de casa.
El carro tirado por un solo caballo siempre me hizo gracia. Era largo y tenía ruedas neumáticas (por entonces, con cuatro años de edad, no entendía que en la arena las únicas ruedas posibles eran las neumáticas).
De Don Carlos sólo recuerdo sus ojos celestes pero sobre todo la forma que tenía de pararse a charlar; aunque no era yo el único al que le llamaba la antención, porque también me acuerdo que en su ausencia se hacían comentarios. Adelantaba una pierna y quebraba la cintura, a continución apoyaba la palma de la mano sobre la pierna que había adelantado y así, con el torso tirado hacia adelante, hablaba con la gente grande.
Sin embargo, recuerdo mejor los sonidos que las imágenes. Recuerdo el golpe de los tachos, el chirrido del eje del carretón, el ruido de la cadena que ataba la tapa del tarro de servicio, el sonido de la leche al llenar el vaso de zinc de medio litro de capacidad antes de pasarla a la cacerola de la doña.
Sí, aparte de ojos celestes y paradas extrañas una imagen blanca y negra recuerdo: la leche espumosa saliendo fresca de la caverna oscura del tarro.
Existir o no (versión pesimista)
Infinitos son los lugares del Universo en los que no existo; dejar de existir en este también, por lo tanto, no hará la diferencia.
¿Y si la blogosfera no existe?
Cerca de mi casa, a unos kilómetros, hay otra que tiene una puerta blanca. Detrás de esa puerta, la gente del lugar dice hay un gran ordenador pero nadie sabe quien lo ha puesto allí. Dicen que contiene la mayor parte de la sabiduría de la humanidad y perfectas rutinas inteligentes.
¿Qué tal si la blogosfera no es más que una subrutina fallida, un capricho de esa gran máquina? Dirán que para eso existen las KDD -lo dirá la gran máquina-, para reducir la angustia de la ausencia. Pero esas fiestas se dan en un improbable lugar llamado España, comarca que algunos creen allende los mares. Todos sabemos, sin embargo, que más allá del mar no hay Españas sino gigantescas tortugas sosteniendo al mundo.
El equilibrio de la balanza vacía
Si usted quiere vivir como un mediocre deténgase en esta entrada de bitácora, que yo los conozco de sobra. Hará una inversión muy lucrativa, apenas unos minutos de su ocupada vida por un futuro sin riesgos.
Si usted quiere ser un mediocre no tenga vergüenza de soñar grandezas, porque el sueño es fácil de lograr, alcanza poner la cabeza sobre la almohada y dormir. Pero no proyecte realizarlos ¡Ni lo piense! Venga, siga leyendo. Lee más »
Todos juntos por la Santa Comunión
Mercedes es una señora de unos 80 años, alegre y muy pulcra que llegó a la Argentina con los primeros inmigrantes españoles. Es bajita y está vestida con un batón floreado que acompaña con un bolsito negro que le regaló el nieto. Está de muy buen humor, a pesar de que hace más de media hora sufre el efecto invernadero dentro de un local sin aire acondicionado en el que los ventiladores parecen dragones enfurecidos con todo aquel que se atreva esperar en la guarida.
Cuando llegué a la cola del banco a pagar impuestos y servicios ya se había formado un tímido semicírculo a su alrededor. Unos cuatro o cinco hombres con las camisas humedecidas por el sudor escuchaban atentos, tal vez para soportar mejor el calor y el mal trato.
Aunque lo común hubiese sido que contestase “en la lucha” a la pregunta “¿cómo estás?” de uno de los que hacía rato esperaba su turno, por algún motivo mi frase fue “en la batalla“. Mercedes me miró con ojos divertidos y dijo
-¿Sabe?, esta estrofa la recitaba yo cuando era una niña.
Todos juntos en batalla
lucharemos en unión
defenderemos la bandera
de la Santa Comunión
Cueste lo que cueste
la bandera hemos de conseguir
aunque reine Alfonso Corno
en la Ciudad de Madrid
Lo de Santa Comunión me hizo ruido, pero recitó con tanta gracia y alegría que le pedí que me la dictara. Bolígrafo sobre papel sobre rodilla (parado en una sola pierna): en esa ridícula situación rescaté las dos estrofas. Me dio pena que no se acordara más, le pregunté qué era la bandera de la Santa Comunión y quién había sido Alfonso Corno, pero tampoco quiso recordar. Apenas me comentó que era una canción más larga y que se la hacía cantar Franco en la escuela todos los días, allá por el 36.
Seguro que se trata de alguna canción militar religiosa como hay tantas, pero me pareció terrible (puesto en dimensión de otras cosas mucho más terribles) que los niños de las distintas épocas sean obligados a cantar canciones de este tipo, que 70 años más tarde y a miles de kilómetros de su lugar de origen se reediten para aliviar el bochorno.
Me pregunto si en 2076, en algún ignoto lugar del mundo habrá quienes se junten alrededor de alguna anciana rebozante de vitalidad a compartir canciones de Britney Spears, Enrique Iglesias o cualquier grupo de moda que la dictadura de mercado impone hoy a las niñas de diez años.
Palabras finales
Los profesionales de la comunicación gráfica dicen que por su persistencia, la palabra escrita vale más que la simple declamación. Las palabras, si no están escritas y firmadas se las lleva el viento, aprueban los abogados.
Las mujeres hermosas, aquellas que se enamoraron para siempre en los bosques de Ayacucho un día de hechizo piensan absolutamente lo contrario. Suelen escribir esquelas rosas que dicen "Te amo ahora y siempre" y sin que les tiemble el pulso firman con un diminutivo abajo y a la derecha.
Días después, sin embargo, destrozan la promesa y el corazón de los hombres tímidos murmurando un ya no te quiero tan casual como desolador. Aunque haya sido hablada e incluso un susurro, esta frase, sin dudas, es mucho más sólida que la escrita, porque es irremediablemente defintiva.
¿Quién fue Jesús?
Como sabemos, Jesús fue judío. Al nacer, como todos los niños de su barrio, era un perfecto desconocido. Su nacimiento no se halla registrado en ningún sitio, así como tampoco su nombre. Fue mencionado por alguien por primera vez alrededor del año 50 de la era que llevasu nombre. En el evangelio de Mateo y en el de Lucas se dice que Jesús nació en Belén. Pero, en cambio, Marcos dice que nació en Nazaret.
Según su biografía -el Nuevo Testamento- se pierden las huellas del niño después de su nacimiento hasta que, repentinamente, vuelve a aparecer, a los doce años de edad en un templo debatiendo profundamente con los sabios de su tiempo. Este hecho es altamente significativo, ya que en esa época y en ese lugar (según los documentos de Qumran) existía una secta, los esenios, que captaba niños muy pequeños para adoctrinarlos y educarlos en sus creencias. ¿Es posible que hallan adiestrado a Jesús en sus creencias?
Doy a continuación una resumida lista de las observaciones de Flavio Josefo (historiador, 37-97) acerca de la forma de vivir de los religiosos, para que comparen con lo que predicaba Jesús:
- Despreciaban las riquezas.
- No se cambiaban la indumentaria hasta que estuviera gastada.
- Antes de las comidas el sacerdote rezaba una oración.
- Después de comer, rezaba de nuevo.
- Preferían una muerte gloriosa a una larga vida.
He aquí otra lista, ahora de las enseñanzas de la secta de los esenios, para que juzguéis la originalidad de la prédica:
- Los esenios no bautizaban. Tampoco lo hizo Jesús.
- Se opusieron a los teólogos de su tiempo. ¿Recuerdan las discusiones de Jesús con los sabios en el Templo?
- Predicaban dulzura y humildad. Jesús hizo otro tanto.
- Anunciaron el «juicio final». Jesús hizo declaraciones similares.
- Decían que había que amar al prójimo como a uno mismo. Esta es una de las máximas cristianas.
- Acostumbraban a celebrar las comidas en comunidad con oraciones rezadas en la misma mesa. Según los iconos de la Iglesia Católica Apostólica Romana, así fue la última cena.
- En la cuarta cueva de Qumran fue hallada la palabra «bienaventurados», la misma que emplea Jesús en las Bienaventuranzas del sermón de la Montaña.
- Tenían por norma que todo nuevo miembro que ingresara a su comunidad debía confesar sus pecados. Este es uno de los procedimientos usuales de la misa de los domingos.
Está bien, no listé las diferencias entre unos y otro, por lo que el post puede parecer sesgado (de hecho lo es), pero las coincidencias son muchas como para creer que hay independencia entre los esenios y Jesús. En mi opinión Jesús fue un traidor de sus maestros, aunque no puedo negar que fue muchísimo más efectivo que ellos.