Negros hábitos en España
Un sensacional operativo de lobby se monta este fin de semana en España. La ciudad de Valencia recibirá recibió al máximo exponente de la Iglesia Católica en una gira en la que el obispo mayor intentará defender la “familia tradicional” asistiendo a una reunión internacional sobre la familia. El motivo real, lo sabemos, es mostrar el poder de convocatoria que la Iglesia tiene sobre los fieles españoles.
Y la elección del lugar no es casual. España, que en épocas dictatoriales guiñaba el ojo clerical y se limpiaba las babas en sotanas, hoy se ha vuelto socialista y en dos años de gobierno legalizó el casamiento entre homosexuales, agilizó los procedimientos para el aborto y el divorcio y descartó la idea del anterior gobierno conservador de hacer obligatorias las clases de religión en los colegios públicos. España es, sin dudas, una oveja que se está descarriando y los católicos intentarán recuperar el poder cubriéndola de un papal manto blanco que sin embargo oculta negros hábitos.
El Papa se reúne esta tarde con Zapatero, el hombre que ha impulsado “la mayor amenaza” contra la familia tradicional española basada en el casamiento entre un hombre y una mujer. A pesar de que Ratzinger se entrometerá en los asuntos españoles y que el reverendo Giovanni Marchesi supone que lo hará con “su usual sobriedad y mesura”, está claro que la Iglesia está perdiendo poder en todo el mundo y tiene que recuperarlo de alguna manera. Una de las formas de recuperar poder político es mostrarle al oponente el público que tiene bajo sus suelas, y me parece que el Papa llega a Valencia a eso, a tratar de ponerle un pie encima a los españoles.
La confusión entrópica
…es triste ver que las ideas explicadas por Boltzmann con tanta elegancia, un siglo después todavía deban re-explicarse una y otra vez.
J. Bricmont, ¿Ciencia del caos o caos en la ciencia?
La divulgación científica es una tarea tan ardua como meritoria. Al no tratarse de comunicación interna entre científicos ni atender temas de los días comunes, le toca el difícil trabajo de construir un puente entre dos mundos. Sobre ese angosto pasadizo los divulgadores intentarán transportar pesados e inusuales conceptos sin que se aboyen demasiado ni que el puente se rompa. Reducirán su peso, los lustrarán y tratarán de hacerlos lucir parecidos a esos otros conceptos con los que tratamos a diario. Las ideas que llegan desde la ciudadela al otro lado del puente lo harán indefectiblemente distintas a como partieron.
Y no es que no se avise porque los buenos divulgadores de las ciencias avisan, a cada rato lo hacen. Pero muchas veces teóricos de la comunicación, filósofos y críticos literarios devenidos en filósofos, que deberían tomarse el trabajo de cruzar el río para aprender de los conceptos en su propia red semántica en la lengua natural de la ciudadela allende el profundo río, prefieren en cambio desoír advertencias y comprar el producto divulgado para inventar metáforas, porque les gusta inventar metáforas con palabras que suenan lindas y respetables.
Don Carlos
Las calles de mi pueblo por entonces eran de arena pero en primavera eran de arena y viento. Recuerdo que el lechero no voceaba su mercadería pero el golpeteo de los tarros lo anunciaba de lejos. Don Carlos se llamaba el lechero y era de General Lavalle, un pueblo rural antiquísimo a unos setenta kilómetros de casa.
El carro tirado por un solo caballo siempre me hizo gracia. Era largo y tenía ruedas neumáticas (por entonces, con cuatro años de edad, no entendía que en la arena las únicas ruedas posibles eran las neumáticas).
De Don Carlos sólo recuerdo sus ojos celestes pero sobre todo la forma que tenía de pararse a charlar; aunque no era yo el único al que le llamaba la antención, porque también me acuerdo que en su ausencia se hacían comentarios. Adelantaba una pierna y quebraba la cintura, a continución apoyaba la palma de la mano sobre la pierna que había adelantado y así, con el torso tirado hacia adelante, hablaba con la gente grande.
Sin embargo, recuerdo mejor los sonidos que las imágenes. Recuerdo el golpe de los tachos, el chirrido del eje del carretón, el ruido de la cadena que ataba la tapa del tarro de servicio, el sonido de la leche al llenar el vaso de zinc de medio litro de capacidad antes de pasarla a la cacerola de la doña.
Sí, aparte de ojos celestes y paradas extrañas una imagen blanca y negra recuerdo: la leche espumosa saliendo fresca de la caverna oscura del tarro.
Sistemismo
Ni mirarnos el ombligo ni echar culpas a todo el mundo, las actividades sociales son una fusión compleja de espontaneidad individual y causación social; y la ciencia, al ser una actividad social de pleno derecho, se encuentra regida por estos parámetros. Un simple “hago porque el contexto obliga” explica tan poco como el otro extremo: “soy libre de hacer lo que se me antoje”. Pero entonces, ¿cuál debería ser el marco apropiado para explicar el desarrollo de la actividad científica? Lee más »
Televisación del fútbol en las aulas
En un post anterior dije que el sistema educativo argentino estaba produciendo borrachines de bar y mantuve una amable discusión privada en la que debí explicar por qué me parecía justa la sentencia. Hoy, al leer en las news de Yahoo que Emma Cunnieti, directora general de Educación de Mendoza, provincia occidental argentina, permitirá que los alumnos vean en las escuelas todos los partidos que le toque jugar la selección de fútbol argentina en el mundial de Alemania, mi primera reacción fue de indignación. Un poco más calmo y después de releer la nota, me di cuenta que es más de lo mismo. Lee más »
Existir o no (versión pesimista)
Infinitos son los lugares del Universo en los que no existo; dejar de existir en este también, por lo tanto, no hará la diferencia.
Hambre, la paradoja argentina

BBC Mundo presenta hechos, testimonios, contextos y análisis sobre el caso de estos niños del espanto.
Imagen: BBC – Hambre, la paradoja argentina
Hace unos meses Natalia siguió la noticia de una marcha que realizaron por toda la Argentina los Chicos del Pueblo. Decía Nat el 2 de Julio de 2005:
Después de recorrer 4500 kilómetros en once días, los Chicos del Pueblo llegaron … a la Plaza de Mayo (Capital Federal, Argentina). Pasaron por ocho provincias, caminaron las calles de cada ciudad, cantaron, dejaron plasmado en cada lugar su sueño y su mensaje: por una infancia digna, por una sociedad más justa donde no haya chicos que mueren de hambre todos los días.
Y agregaba que al mismo tiempo que los chicos caminantes eran recibidos por miles de personas en la Plaza, el Presidente de la Nación hacía los honores al basquetbolista Emanuel Ginóbili. Parece mentira, pero tal vez por ignorancia, tal vez por desidia o simplemente por hijoputez de los gobernantes y falta de solidaridad de todos, muchos niños argentinos siguen pasando hambre.
En ese entonces, por razones similares a las actuales, era yo asiduo lector de Guerra a la penumbra y recuerdo que motivado por aquellas lecturas había encontrado un especial de la BBC dedicado al tema del hambre infantil en la Argentina. Volví a buscarlo y lo encontré. La web de la agencia inglesa de noticias, aparte de recomendable es invalorable para conocer no sólo los motivos de la organización movilizaciones de este tipo, sino algunos de los flagelos que sufrimos en este cono final. Por supuesto no voy a reproducir la página aquí, sólo un párrafo de su portada:
“Nada conmociona más que la muerte dibujada en el rostro de un niño muerto por una bala o una explosión en Medio Oriente, por el SIDA en África, o por un imponderable de la naturaleza. Pero las imágenes de niños muertos por desnutrición en Argentina, provocan un nuevo sentimiento: perplejidad…”
De la
, vía Guerra a la penumbra.
Diseño inteligente, tampoco en Lebec
En el distrito de una escuela rural de Kern County se acordó terminar con un curso que incluía la discusión de una alternativa a la evolución basada en la religión.
La nota, aparecida en “Los Angeles Times“, agrega que como parte de una resolución de la corte, la Frazier Mountain High School, en Lebec terminará el curso de una semana antes de lo planeado y El Tejon Unified School District acordó no volver a incluir cursos de este tipo nunca más.
Después de todo, las buenas noticias existen.
El acceso a la ciencia
Siempre creí el acceso a la ciencia debía estar garantizado a la sociedad ya que, al fin y al cabo, es la sociedad quien mediante el pago de sus impuestos hace la ciencia posible. Porque, digámoslo de una vez, las cosas gratis no existen. Y por eso parecía un contrasentido cortarle a quienes pagan el acceso mediante trucos varios como el analfabetismo científico, la ignorancia organizada o la superchería. Este argumento lo mantuve en más de una oportunidad: El Estado tiene la obligación de brindarle a los ciudadanos todas las herramientas para que entiendan la ciencia porque ellos pagan sus impuestos.
Sin embargo, la idea está fundamentalmente equivocada. No es más que un paquete comprado al neoliberalismo que se había instalado en una parte no crítica de mi cerebro. ¿Desde cuándo pagar otorga más derecho en cuestiones como la educación científica? El pago de un kilo de tomates me da el derecho a consumirlos en una ensalada, pero el saber es un derecho que las personas tienen incluso sin pagar. En otro caso estaríamos abonando el argumento de que quienes no pagan no tienen derecho a recibir ningún conocimiento o que quienes más pagan tienen más derechos.
La reformulación de la idea la deja un poco más simple: “El Estado tiene la obligación de brindarle a todos el acceso libre a la ciencia“
¿Y si la blogosfera no existe?
Cerca de mi casa, a unos kilómetros, hay otra que tiene una puerta blanca. Detrás de esa puerta, la gente del lugar dice hay un gran ordenador pero nadie sabe quien lo ha puesto allí. Dicen que contiene la mayor parte de la sabiduría de la humanidad y perfectas rutinas inteligentes.
¿Qué tal si la blogosfera no es más que una subrutina fallida, un capricho de esa gran máquina? Dirán que para eso existen las KDD -lo dirá la gran máquina-, para reducir la angustia de la ausencia. Pero esas fiestas se dan en un improbable lugar llamado España, comarca que algunos creen allende los mares. Todos sabemos, sin embargo, que más allá del mar no hay Españas sino gigantescas tortugas sosteniendo al mundo.
